Spain is different

No había en Europa un lugar más adecuado que España para el enfrentamiento violento entre derecha e izquierda. La Iglesia católica, que en Italia y otros países había desarrollado un papel centrista y moderado, en España se encontraba totalmente alineada a la derecha, junto a los grandes latifundistas e impermeable a las corrientes cristiano-democráticas que habían modificado profundamente el panorama político de otros Estados. En España, el centro moderado representado por la burguesía urbana era débil, y la Iglesia todavía era un puro y simple instrumento de un gobierno opresivo y no, como en el resto de Europa, un lugar para la mediación de los conflictos sociales.

Habla de hace un siglo, pero la cosa venía de lejos…

[Paolo Viola, Il Novecento. Turín, Einaudi, 2000, p. 172].

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El Quijote entre mito y novela

1. Mito y novela

Michelle Houellebecq distingue las dos cosas en su ensayo sobre Lovecraft. Para el francés una novela es algo cerrado, o, por mejor decir, enmarcado: tiene un desarrollo claramente definido por un autor, quien decide qué se narra y qué no se narra, él sabrá porqué. El autor es, así, el límite de la novela. El mito, en cambio, es una historia que sobrepasa a su propio autor: es retomada por otros, existen versiones distintas y, en el caso de la mitología clásica, se ha transmitido durante siglos sin que se conozca, siquiera, quién fue el primero a quien se le ocurrió tal o cual mito. El escritor de Providence sería, en este sentido, un moderno creador de mitos. Los de Cthulhu, por ejemplo, son historias que abandonan a su creador para verse ampliadas y desarrolladas en las obras de los seguidores de Lovecraft -la fan fiction se convierte, así, en el vehículo de transmisión de esta mitología contemporánea.

2. Don Quijote es un mito

Hay una cosa que no deja de sorprenderme del Quijote: al poco tiempo de publicarse la primera parte de la obra, sus protagonistas pasaron de manera inmediata a formar parte de la cultura popular: el nombre “Quijote” empezó a usarse para calificar a alguien con aspecto de loco, y las empresas descabelladas se llamaron “quijotadas”. Incluso se vio su figura desfilar en comitivas festivas y en carnavales, un poco a la manera en que hoy en día uno podría disfrazarse de momia o vampiro en Halloween.

Así, en el s. XVII, cuando la letra impresa, los manuscritos y la voz son los únicos canales de propagación de una obra, el personaje de Alonso Quijano se convierte en mito casi de manera instantánea, sin internet ni youtube ni virales. Emparejado con Sancho Panza, empezaba a pertenecer a todos, y si al principio era tomado como un loco objeto de burla y poco más, no pasó mucho hasta que empezó a encarnar valores universales (el espíritu idealista, la cordura de la insumisión a una loca realidad, etc.) a lo largo de varios siglos.

La fan fiction en torno al Quijote es apabullante. Basta echar un ojo a su entrada en la Wikipedia. Ahí están las diversas continuaciones escritas desde la misma aparición de la obra hasta este siglo, con un Quijote que se va a Cuba, a América del Sur, prosigue sus andanzas, muere (relatándose el destino del resto de personajes) o se dedica al pastoreo. ¿El motivo? La capacidad de los personajes de trascender su propia historia para convertirse en símbolo, el poder icónico de esa pareja que navega el mundo entre delirio y cordura, apariencia y engaño, lanzándole, así, un peculiar desafío a la realidad que recogen sus seguidores en todas partes del mundo. Un poco como le pasa a los mitos de Cthulhu, o como le pasó a la Ilíada, la Odisea y los mitos clásicos.

3. El Quijote es una novela

La primera fan fiction del Quijote, y no sé si de la literatura española, es la segunda parte de sus aventuras, escrita bajo el seudónimo de Alonso Fernández de Avellaneda y publicada en 1614, un año antes de la continuación “legítima” escrita por Cervantes. Esto a su autor no le hizo ninguna gracia, y no solo por los comentarios hirientes que Avellaneda escribió sobre él en su prólogo –acusándole de viejo, manco y “agresor de sus lectores”–, sino porque alguien se apropiaba de su creación sin su permiso y sin él percibir nada a cambio. Como escribe Andrés Trapiello, Avellaneda, con una novela ciertamente menor que la original, “se aprovechó de la ficción Cervantina para entrar en lo que creía propiedad del común”; esto es, en lo que se estaba convirtiendo en un mito. Pero los autores de mitos no ven ni un céntimo.

Admitamos, como se suele hacer al menos en España, que Cervantes es el creador de la novela moderna por obras como el Coloquio de los perros, dentro de sus Novelas ejemplares. Esto convierte a Cervantes en el primer novelista moderno. “Moderno” significa que por esas fechas, por primera vez en la historia, el escritor empieza a desarrollar una idea de propiedad sobre su obra, a la vez que el oficio de novelista aparece como eso: un oficio del que se puede vivir, y no un pasatiempo al que uno se puede dedicar en la corte de tal o cual noble (que es quien pone la pasta) para tener entretenido al personal.

Un escritor vivía mejor, por aquel entonces, de las comedias y demás obras teatrales; y tenía mucha mejor consideración social el poeta. La novela es, en cambio, un artefacto que empieza a dar sus primeros pasos, y con ella la figura del novelista, y éste, a diferencia de un Homero o un Virgilio, se siente propietario de sus personajes. Cervantes quiere ser el autor del Quijote. Esto quiere decir, en primer lugar, que no lo quería “propiedad del común”, sino suya y remunerada. Bien se lamentó, de hecho, de las numerosas ediciones pirata de su novela, de las que no veía ni un real, como tampoco de las traducciones. La autoría también implica, en segundo lugar, que nadie más puede apropiarse de la obra, o, visto de otra manera, colaborar en la construcción del mito: con Cervantes debía empezar y, sobre todo, terminar la historia de Quijote y Sancho. Por ese motivo en la segunda parte don Quijote muere, como dos años después haría su creador. Fin de la historia. No habrá más avellanedas.

4. Quijote se rebela

El caso es que Cervantes dio con un personaje (bueno dos) que tocaba una tecla que nadie había tocado antes: algo escondido, recóndito, y que a su vez tenía infinitas posibilidades narrativas. Tantas, que sus personajes le trascendieron como autor. Con las numerosas continuaciones del Quijote la historia imaginada por el manco va más allá de los límites impuestos por su creador y se desarrolla independientemente de su voluntad, adquiriendo el carácter colectivo que tienen todos los mitos.

¿Le habría gustado a Cervantes ver a su caballero cabalgando por Cuba? ¿O la versión cinematográfica que intentó Terry Gilliam, con Johnny Depp haciendo de Sancho y Vanessa Paradis de Dulcinea (y que parece que vuelve a ponerse en marcha)? Cervantes, como buen novelista, quiso circunscribir a sus personajes en los límites de su ficción, impuestos desde su posición de autor, que les da forma y, consecuentemente, les pone unos límites. Pero ya durante su vida vio cómo estos personajes se le rebelaban: en la ficción de Avellaneda se van a Zaragoza sin su consentimiento, luego cruzan el océano, ahora vuelven encarnados por estrellas de Hollywood.

Esto es así porque el Quijote es un clásico, claro, pero también es un texto que habla de nosotros mismos, nos refleja, nos cuenta nuestra historia mientras la vamos leyendo. Es lo que tienen los mitos.

Quijote, Pabst

Un Quijote más bien teutón protagoniza el cartel de su primera versión cinematográfica sonora, de G. W. Pabst (1933). Cantan…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Una última curiosidad: la web Quijotes de celuloide, con textos e imágenes sobre las adaptaciones cinematográficas de la obra.

 

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Las guerras del lenguaje, o la importancia de decir las cosas

El director del Instituto Cervantes, Víctor García de la Concha, no se olvida de que también ha sido director de la RAE y dice que hablamos un español “zarrapastroso”. Lo cual es cierto. Cuando le preguntan si es casualidad que la degradación de un país y la de su lenguaje vayan de la mano, recuerda que

El fascismo cambió el lenguaje para dar idea de camaradería, y los regímenes totalitarios tratan de borrar ciertas palabras. Somos lengua, un Estado es lengua, de ahí que la cultura no sea un adorno, sino algo que nos constituye y nos hace.

Y de ahí que sea tan grave lo que este Gobierno está haciendo con la cultura ante la mirada impasible de la mayoría, que aceptamos tácitamente que hay que recortar y, por lo tanto, arte y cultura y divulgación –que son secundarios y solo sirven para hacer bonito–, tienen que ser las primeras víctimas de la tijera.

Nicolas Maquiavelo, Niccolo Machiavelli

1. Nicolás Maquiavelo recordaba, hace unos 500 años, uno de los errores que cometió la Iglesia Católica respecto la cultura clásica romana: hablar su mismo idioma. El hecho de no abandonar el latín sino, al contrario, apropiárselo como el idioma oficial de los eruditos y letrados, permitió que durante el Renacimiento se volviera a los textos de los filósofos y naturalistas paganos y se divulgaran ideas con tintes herejes, como la teoría de los mundos infinitos de Giordano Bruno o la interpretación circular de la historia del mismo Maquiavelo.

Según el pensador florentino, los antiguos romanos sí cancelaron de la memoria colectiva el idioma de los etruscos, antiguos pobladores del Lacio, consiguiendo con ello su efectiva aniquilación. Nadie lograba descifrar, siglos después, las inscripciones que dejaron en lápidas y estelas. Sus mismos descendendientes eran incapaces de entender la cultura de sus antepasados. Conclusión: la victoria definitiva sobre el adversario no se da en la guerra, sino en el campo de batalla de la memoria y la cultura. El arma definitiva, ahí, es el lenguaje. El imperio romano era, también, el imperio del latín.

La Iglesia se sirvió de este idioma y, con ello, perpetuó la cultura romana clásica. En la Edad Media la Inquisición, sabedora de la imposibilidad de cancelar el latín, se conformó (es un decir) con el hecho de que lo hablara un reducido número de personas. Ante la invención de la imprenta, el control de las traducciones de los textos clásicos se volvió el arma fundamental para mantener el adoctrinamiento dogmático de la mayoría de la población.

2. Teniendo esto en cuenta, creo que es difícil sobrevalorar la importancia del lenguaje. El lenguaje cotidiano –escrito en e-mails y periódicos, el que se habla en la calle y el que escuchamos en el telediario– incide en la calidad de la cultura. El olvido de ciertos términos, o la falta de precisión, tiene costes que no son solo culturales.

Ahora es cuando viene el de siempre con aquello de que…

a mí estos viejunos de la Academia no me tienen que decir cómo hablar mi idioma. Yo hablo como quiero y el lenguaje es un ser vivo que evoluciona y no vamos a estar hablando como si fuera el siglo XIX y qué se creen y tal y tal…

Por supuesto, cada uno es libre de hablar y escribir como quiera, pero ¿porqué damos por sentado que hablamos “como queremos”? ¿Somos realmente libres cuando elegimos usar un término y no otro? En la actualidad puede que no exista la Inquisición como tal, pero siguen operando mecanismos de censura y autocensura que, propagados desde determinadas instituciones, distorsionan el lenguaje y, con ello, nuestra percepción de la realidad.

Uno de estos mecanismo es la corrección política. Otro, las modas lexicales. Es cuando, de repente, empezamos a oír por todas partes, sin saber porqué, expresiones como “poner en valor”, “veremos a ver”, “emprendedurismo” o “la marca España”. Son expresiones feúchas y, en muchos casos, no son inocuas. Un ejemplo: cierto discurso político ha adoptado el término “la marca España” como excusa para anteponer la “buena” imagen de nuestro país en el extranjero a las necesidades y problemas de sus ciudadanos. En este sentido, entender España como una marca justifica la sumisión y el consentimiento hacia aquellas medidas que muchos consideramos injustas para lograr, así, una buena imagen del país –que sería el valor más importante.

marca españa

Dice Cinco Días que ‘La Roja anima el consumo y reactiva la marca España’. Me quedo más tranquilo.

“Marca España” es un término propio del márketing que, de manera subrepticia, introduce en nuestra mente la idea de que España es un producto con un determinado valor, una fábrica cuyo fin es vender en el extranjero. ¿Qué vende? Cualquier cosa: la imagen del país, sus empresas, incluso las personas que lo habitan. Nosotros mismos, se nos dice, tenemos que ser marca. Cualquier cosa es susceptible de objetivarse y convertirse en mercancia bajo el prisma comercial que encierra el término. Nos olvidamos, así, de que antes que una marca España es la suma de sus ciudadanos y el objetivo último de sus gobernantes no es vender, sino garantizar un estado del bienestar. ¿Que una cosa lleva a la otra? Puede, pero no siempre, y eso no hay que perderlo de vista.

3. En septiembre tres profesores publicaron en El País un buen artículo sobre la ocupación del lenguaje perpetrada por la clase política actual mediante la creación y propagación de determinados conceptos. Ejemplos: el manido “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades” o “hay que lograr la confianza de los mercados” –expresión que personaliza y dota de sentimientos a un ente anónimo como el mercado, cuyo único objetivo es ganar dinero.

También está lo de “España está haciendo los deberes“, que nos describe como malos estudiantes que tienen que aplicarse para pasar una reválida. La expresión transmite un cierto paternalismo (esos padres que obligan a los hijos a hacer los deberes por su bien) y nos infunde la idea de que nos hemos portado mal y estamos pasando un mal necesario para lograr un éxito futuro: ¿pero qué culpa tenemos exactamente? ¿En qué consiste ese éxito prometido? ¿Cuál es el examen? ¿Qué ganamos exactamete si lo aprobamos? La familiaridad de la comparación nos hace olvidar el duro contraste con el objeto que compara, la dolorosa realidad: la gente no se suicida por no hacer los deberes, sino porque la desahucian de su casa.

Oímos a muchos periodistas preguntarse porqué Rajoy no habla de “rescate”, o porqué Montoro no dice “amnistía fiscal”. La respuesta es clara: construimos nuestra realidad a través del lenguaje, por lo que negarle el nombre a un determinado hecho supone negarle su realidad: si no lo nombro no existe, y si logro que los demás dejen de nombrarlo dejará de ser percibido con la connotación negativa que le da su nombre. Es decir, que dejará de existir como tal. El lenguaje, desde este punto de vista, es el arma y también el campo de batalla. Lo que está en juego es la realidad compartida por todos y la posibilidad de entendernos cuando hablamos de lo que más importa.

Vamos, ¡que hay que hablar bien, joder!

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Alice Munro

Iluminar la realidad. Leo Escapada, de Alice Munro. En apariencia nada. Quiero decir que en sus relatos no sucede nada particular: gente corriente que se casa, que se separa, alguien se muere, de repente pasan 30 años, un reencuentro, la protagonista se entera de algo nuevo. Nada espectacular: no hay grandes revelaciones, nada cambia en apariencia. Pero un pequeño detalle lanzado así, de cualquier manera, de repente te hace entenderlo todo de otra manera, y la vida de la protagonista cambia de sentido y todo adquiere otra luz y esa luz te deja helado. Explicarlo se hace difícil.

"Alice Munro"Algunas cosas sobre ella: Alice Munro es canadiense, se crió en una familia estrictamente presbiteriana y a los veintipocos estaba viviendo en su pueblo casada y con tres niños. Mientras los niños dormían la siesta ella escribía, y para acomodar el tiempo de escritura al del sueño de sus hijos empezó escribiendo relatos breves. Por eso -dice- el cuento es la forma literaria con la que se encuentra más cómoda.

Según la Wikipedia Munro reconoce en su obra la influencia de escritoras como Flannery O’Connor y Carson McCullers, además de James Agee y William Maxwell. Muy bien. A mí me recuerda a Raymond Carver. ¿Por qué? Porque he leído a Carver, y a los otros cuatro no. Pero creo que el acercamiento tiene sentido: Carver cuenta, como Munro, tragedias y revoluciones que suceden en el fuero más íntimo de sus personajes, que se manifiestan en eventos de los que nadie se da cuenta, escenas en las que nada sucede, al menos aparentemente. En ambos autores el diablo está en los detalles, y éstos tienen que ver con el universo privado de cada protagonista. A nosotros nos toca descifrarlo (y no siempre es fácil, en un libro de Munro no se entra de cualquier manera: hay que pedir permiso y tener paciencia).

¿La diferencia? Munro maneja la elipsis y el ‘flashback’. Es decir, Munro maneja el tiempo: entendemos el universo de la protagonista gracias a cuatro trazos relativos a su pasado situados de manera magistral en diversos momentos del relato; de repente pasa media vida y advertimos, por una nimiedad, que lo que creíamos entender no estaba tan claro, que es la misma protagonista la que se replantea su vida por completo, o se resiste a hacerlo ante la evidencia. Ahí está el punto: este manejo del tiempo permite a Munro mostrar no ya la vida de un personaje, sino el sentido que ese personaje da a su existencia. Lo hace palpable y acto seguido deja que se tambalee ante nuestros ojos. Imaginen: el sentido de una vida entera pendiente de un hilo. Y nosotros lo leemos y nos lo creemos. Y por eso te deja helado.

Un ejemplo: En Desencuentro una mujer encuentra al hombre de su vida de una manera fugaz. Él se tiene que ir al extranjero, pero acuerdan una cita en el mismo lugar al año siguiente. La mujer se da cuenta de lo idiota que es todo, de que piensa en la cita porque su vida es bastante triste, o tal vez no quiere pensarlo. El caso es que el día de la cita acude al mismo lugar, llega un poco antes y el hombre la rechaza. Ella siente una gran vergüenza que recordará el resto de su vida, que por otra parte se desarrollará de manera gris (tal vez lastrada por esa misma vergüenza). De repente pasan treinta años y ella se encuentra frente a frente con el cadáver del hombre (es enfermera). Y no voy a seguir, pero ahí se da cuenta de que todo era distinto a como ella había creído, y que tal vez hubiera bastado llegar a la cita a la hora convenida para que su vida hubiera sido diferente, seguramente mejor. Tal vez sea el relato menos sutil, con un engranaje más vistoso (de hecho el título original es “Tricks”: “trucos”, “engañifas”, como si aludiera a la trampa narrativa que esconde el relato. En italiano lo han titulado “bromas del destino”), pero el espíritu es ese.

Lo complicado, claro, para que esto funcione son los detalles, el clima, la profundidad que Munro logra imprimir con un estilo austero, en el que cada adjetivo está para decir algo. Hay cambios de puntos de vista, hay catarsis necesarias que no llegan por ningún lado, hay reacciones de personajes que no entendemos pero, por alguna razón, necesitamos entender. ¿Por qué? Porque Munro nos coloca dentro del universo de ese personaje y por eso, aunque en apariencia no suceda nada interesante, no podemos dejar de leer, igual que no dejamos de vivir porque no hagamos nada interesante. Lo que pasa cuando no pasa nada explica lo que haremos en los momentos decisivos.

Podría añadir muchas más cosas pero no creo que sirviera de mucho. Tampoco creo que sirva lo que llevo escrito. Ya digo que explicarlo se hace difícil. Por eso me consuela que un escritor competente también encuentre dificultades y diga en una reseña del libro:

”Runaway” is so good that I don’t want to talk about it here. Quotation can’t do the book justice, and neither can synopsis. The way to do it justice is to read it.

Y añade:

Reading Munro puts me in that state of quiet reflection in which I think about my own life: about the decisions I’ve made, the things I’ve done and haven’t done, the kind of person I am, the prospect of death.

Pero así, como quien no quiere la cosa. Lean a Munro caramba.

"Alice Munro" "In Fuga"

[Escapada, de Alice Munro, traducido por Carmen Aguilar y editado por RBA en 2005. Aquí y aquí un par de reseñas de La Pareja de Escritores. Aquí una entrevista en El País bastante aburridilla. Aquí la reseña de El Cultural. Aquí un aficionado a la ciencia ficción le pone nota a cada relato (¿?) y dice algunas cosas interesantes (en inglés). Aquí la reseña del New York Times escrita por Jonathan Franzen, bastante larga a pesar de no querer decir nada del libro porque, ya les digo, es difícil hacerlo. Aquí la reseña del The Guardian que me acabo de encontrar y no he leído aún].

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Bankia y la narrativa valenciana

1. Llegar a la realidad desde la ficción.

Societat Limitada Ferran TorrentEn su novela Societat Limitada Ferran Torrent describe una escena que estos días no deja de dar vueltas por la cabeza: Francesc Petit, cabeza de lista del imaginario Frente Nacionalista Valenciano para las elecciones autonómicas, se reúne con Antonio Sospedra, Director Gerenal de la caja de ahorros Bancam, para pedirle un préstamo de 125 millones de pesetas con el que financiar la campaña electoral. Para garantizar la solvencia económica de su partido, Petit apela a los buenos resultados electorales que las encuestas le pronostican, y recuerda a Sospedra que los otros dos partidos mayoritarios reciben préstamos mucho más generosos. Se trata, sin embargo, de argumentos de poco peso para el director, quien le replica que el FNV ya está endeudado hasta las cejas y le pide una garantía real de solvencia: “nosotros no vivimos de promesas sino de bienes tangibles. La política no es un bien evaluable. Tenemos que responder ante los impositores y las instituciones”.

Parece una afirmación hipócrita pero en el fondo es cierto: debe responder ante la institución que realmente gobierna la caja. Terminada la reunión descubrimos que la persona ante la que responde Sospedra es Júlia Aleixandre, subsecretaria de la presidencia de gobierno valenciano, quien le ha ordenado que no conceda ningún crédito al FNV para forzarles así a acudir a ella. Dado que su partido ostenta la mayoría en el consejo de administración de la caja, Petit le pedirá el crédito a Aleixandre. Ésta, a cambio, le exigirá que entregue a su partido (el “partido conservador”) las ocho alcaldías en las que el FNV gobierna en coalición con los socialistas. Todavía ignaro de esta trama, Petit abandona el despacho de Sospedra con el magro botín de dos libros editados por Bancam: uno de recetas de cocina valenciana y otro de rondallas tradicionales. Obra social.

Como decía aquél, cualquier parecido con la realidad es inevitable. No hay que ser muy avispado para ver a Bancaja, que ahora forma parte de Bankia, detrás de esa ficticia Bancam. De este modo, los poco honorables enredos políticos y empresariales descritos por Torrent ayudan a entender, al menos en parte, el desastre bancario que ocupa las portadas de los periódicos de estos días. No es ningún descubrimiento pero conviene recordarlo: el desastre de Bankia lleva muchos años gestándose en el despacho de los Directores Generales de las diversas Bancam españolas: malos criterios empresariales, nefastas dependencias políticas y nulos controles externos han llevado a esta situación.

2. Llegar a la ficción desde la realidad.

societat limitada Ferran Torrent Bankia

Buscando “Sociedad Limitada” en Google me sale Tamara Falcó. No digo ná y te lo digo tó (fuente: vanitatis.com).

Pues parece ser que Bankia necesitará 23.000 millones de euros para “sanearse”, “recapitalizarse”, “reinventarse” o [pongan aquí su eufemismo preferido]. Decían en la radio que salimos a unos 500 euros por español. Bien. Apunta Goirigolzarri, el presidente de la entidad, que no se trata de un préstamo sino de “capital”: “es capital y no hay que hablar de devolver nada, sino de crear valor para los accionistas“. Crear valor. Hay que darle valor a esos activos tóxicos. Hay que poner en valor Bankia. ¿No es lamentable la moda esta de “poner en valor” todo? ¿Por qué se usa tanto la expresión? ¿No les parece un horror? Cuidado amigos. Esta clase de nuevos palabros suelen estar al servicio de la ficción, pero esta vez de la mala ficción, la que se usa para enmascarar la realidad y no para iluminarla. Ese “poner en valor” se traduce, en definitiva, en pagar por acciones que no valen nada para venderlas el día de mañana, cuando valdrán mucho más, y recuperar así lo pagado. Simple. ¿Y cómo sucederá esto? Goirigolzarri lo tiene claro: va a hacerlo tan bien al frente de Bankia que en unos años nos quitarán las acciones de las manos. Así, tal cual. Mucha alta finanza y muchos MBAs, pero cuando se planta ante un micrófono para explicarnos el tema el presidente nos sale con el cuento de la lechera. De las ficciones en que quiere envolvernos Rajoy mejor no hablamos, que daría para un par de entradas más.

Conclusión: los protagonistas de este embrollo se valen, vaya usted a saber por qué, de narraciones torpes, cuyo final adivinamos, y que no logran lo que pretenden, que es enmascarar lo que realmente ha ocurrido con Bankia. La ficción de Torrent, en cambio, nos ayuda a entenderlo todo mejor. Para que luego digan que la literatura no tiene aplicación práctica. En fin.

[Las cita es de Ferran Torrent, Societat limitada. Barcelona, Columna, 2002, p. 34, traducida por un servidor. Lo dicho, un crack].

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Francisco Tárrega compone para Nokia. Un apunte sobre comunicación cultural

Hace tiempo me daba por preguntarme quién habría compuesto la melodía de los móviles Nokia, y me imaginaba al compositor nadando en una piscina llena de billetes de 500 euros. Ahora, con la llegada de los ‘smartphones’, el móvil formato adoquín y sus politonos han venido a menos: aquella famosa melodía ya no se oye. Sin embargo, todos la hemos oído cientos de veces. ¿De dónde viene? Atentos al segundo 14 de este vídeo:

Pues sí, la melodía es la misma excepto por la nota final (un ‘la’ que aquí está una cuarta más abajo, o al menos eso dicen los entendidos). Forma parte del ‘Gran Vals’ compuesto por Francisco Tárrega, compositor y guitarrista del siglo XIX cuyos herederos, por cierto, no han visto un duro por el uso que Nokia ha hecho de su obra. Los motivos son dos: no existen herederos (importante) y los derechos de autor ya habían expirado cuando Nokia adaptó la melodía. La piscina de los euros se quedó vacía.

Franciso Tarrega por Vicente Castell

Francisco Tárrega retratado por Vicente Castell (1904). Fuente:Wikimedia

En realidad, la del tono de Nokia es una historia más o menos conocida: en 1994 la compañía lanza el modelo Nokia 2110 que, en la práctica, lo peta: se venden más de 20 millones de terminales. Entre los 30 tonos de llamada incluye uno llamado ‘Gran Vals’, que más tarde acabaría denominándose ‘melodía Nokia‘ (‘Nokia tune’) y vendría por defecto en todos los terminales de la multinacional finlandesa (aquí lo explican de manera bastante completa). De este modo, miles de millones de personas escucharon el motivo de Tárrega sin saber que es suyo, pensando que lo había compuesto míster Nokia o vaya usted a saber.

Lo que me llama la atención del caso es que los blogs que refieren esta historia no dicen: “Nokia adaptó el Gran Vals de Tárrega para el tono de sus móviles”, sino “Tárrega compuso el tono de Nokia”. Como si lo hubiera hecho a propósito o Nokia ya existiera en el siglo XIX. La forzatura resulta lógica: lo importante aquí y lo que todo el mundo conoce es el tono de Nokia, no a Francisco Tárrega. El compositor queda reducido a anécdota: no es más que un dato curioso sobre el tono y poco más. ¿Está esto mal? Pues ni mal ni bien, simplemente es inevitable. Este blog lleva la forzatura hasta sus últimas consecuencias cuando titula su entrada: “Francisco Tárrega compuso sin saberlo el Nokia Tune”. Hombre, lo fuerte hubiera sido que lo hubiera compuesto a sabiendas, en plan pionero de las nuevas tecnologías y los formatos musicales del futuro.

¿A qué viene todo esto? Resulta que Tárrega nació en Vila-Real. Yo suelo pasear por esta localidad, conocida por su equipo de fútbol y por haber alumbrado el primer Mercadona de la historia, entre otras cosas, y muchas veces me encuentro con la casa museo de Tárrega. Se la suele ver un tanto deshabitada: da la sensación de que este hombre merecería ser mucho más conocido de lo que en realidad es. Y se debería empezar por su propia casa, qué menos. ¿Qué hacemos para dar a conocer a Tárrega? Si nos ponemos a hablar de su vida y sus geniales composiciones necesitamos un librillo, un folleto, algo así, y ponerlo a mano de gente con ganas de leerlo. ¿Qué podríamos usar de la historia de Francisco Tárrega para darle a conocer al gran público de manera mucho más instantánea? ¿Qué elemento de su obra conoce todo el mundo?

casa de Francisco Tarrega

Casa natal de Francisco Tárrega, o eso dicen. Fuente: fotos.vila-real.com

Pues sí, a eso voy. Pero claro, poner una placa en la puerta de su casa con la inscripción: “aquí nació Francisco Tárrega, compositor del tono de Nokia” puede causarte muchos problemas. Voy a dejar de lado las cuestiones legales, usar una marca comercial, etc., para centrarme meramente en el plano de la comunicación cultural. Muchos melómanos, admiradores de Tárrega o conocedores de su obra (que no quiere decir que la hayan escuchado) pondrían el grito en el cielo.

¡Con la de obras geniales que compuso, con la maestría de que siempre hizo gala a la guitarra, y vamos a destacar de él la mierda del politono ese que ya ni se escucha!

Pues sí, suena injusto. Pero es que la mierda del politono forma parte indeleble de nuestra memoria auditiva y lo conocemos todos. Esto último creo que vale la pena subrayarlo: “todos” quiere decir cientos de millones de personas que habitan en países desarrollados de ambos hemisferios, de Cuenca a Kyoto. Imaginemos una campaña tipo: “lo que Nokia le debe a Francisco Tárrega” o “conoce al compositor del tono más famoso de la historia”, no sé, algo así. ¿Cuánta de esa gente no va a sentir curiosidad por saber quién era el tío del politono? A lo mejor ellos también pensaban que estaba bañándose en una piscina de euros. ¿Y cuántos de esos cientos de millones van a tener el buen gusto de apreciar el ‘Gran Vals’ por lo que es: una pequeña maravilla, y se van a interesar por el compositor? Pues muchos menos, claro, pero ya se imaginan que el 10%, pongamos, de todo el mundo, sigue siendo mucha gente.

¿Valdría la pena hacer algo así? Yo creo que sí. ¿Supondría menospreciar a Tárrega? Pues no lo sé, puede que también. Pero ¿qué interesa más, mantenerle en el olimpo de los intocables, donde lo conocen cuatro, o darle una vuelta por el barrio para que lo vea la gente? Dicho de otra manera: la comunicación de la cultura, sea eso lo que sea, ¿la hacemos subidos a un pedestal, con los cuatro de siempre, o nos bajamos a vendersela al personal a caraperro? Ojo, que parece que lo digo convencido pero en realidad no lo tengo tan claro.

Lo que está claro es que, mientras pienso en estas cosas, los jardines de Vila-Real lucen una estatua-homenaje a Tárrega con la fecha de su nacimiento equivocada. ¿Qué quieren que les diga? Así no vamos bien.

monumento a tarrega en vila-real

Monumento a Tárrega inaugurado el 21 de diciembre de 2002 con motivo del 150 aniversario y un mes de su nacimiento. Fuente: fotos.vila-real.com

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Los años salvajes del blog español

¿Cuál fue el primer blog que leyeron? ¿En qué año se dio esa experiencia iniciática?

Yo lo recuerdo bastante bien: debía ser finales de 2002, me bajaba canciones con el Napster y jugaba al Half-Life con mi flamante tarjeta gráfica N-vidia de 8 megas. Los buscadores de referencia eran Altavista o el de Terra, y el navegador Netscape. Por aquel entonces uno no corría el peligro de consumirse la vida en internet: en lo que tardaba en cargar una página tenías el tiempo suficiente para reflexionar sobre la necesidad de verla.

A ver, el primer blog. Pues era de una chica que hablaba de sus cosas de cada día, en plan “querido diario, hoy he hecho todas estas cosas fascinantes, y he pensado estas otras cosas más fascinantes todavía”. Viendo aquello uno se preguntaba:

¿Pero esto qué leches es?

Y pasaba a otra cosa.

terra, 2002, buscador

Esto lo veía todos los días para acceder a mi correo. La web de Terra el 23 de Noviembre de 2002

Pasados uno o dos años descubrí que el panorama había cambiado. Los blogs ya no eran “queridos diarios”, o al menos no sólo. Descubrí algunos en los que gente inquieta y creativa se dedicaba a escribir sobre sus paranoias y obsesiones con buena traza y una extraña erudición. Muchos de los primeros que frecuentaba son bastante famosos, como el desaparecido blog de Nacho Vigalondo, en el que el director tejía extrañas relaciones entre el cine, los video-juegos y la vida. Ahí estaba (sigue estando) también el Focoblog de John Tones, el gabinete del Doctor Zito, El Blog Ausente, el No Recomendable de Raúl Minchinela, El Emperador de los Helados de Noel Burgundy, y algunos más.

Recuerdo de manera especial El Misterio de los Intervalos de Silencio, desaparecido blog del escritor barra muchas otras cosas Rubén Lardín, con una calidad estética y una capacidad de desasosiego fuera de lo normal. Éste sí que era un “querido diario”, pero a lo salvaje.

No soy el único que se aficionó a leer a estos señores, y algunos de ellos son considerados pioneros en la escena digital nacional, sea eso lo que sea (a mí no me pregunten, lo pone aquí. Bueno, está escrito por ellos mismos pero me lo creo). ¿Qué me gustaba de estos blogs? En pocas palabras, que hablaban de cosas estúpidas de manera inteligente. Es decir, que eran blogs que hablaban de imitadores de Bruce Lee, de la narrativa de las películas de Van Damme o de las implicaciones psicológicas de Green Beret, y lo hacían tomándose el tema en serio. Creo que fueron de los primeros que dieron alas en internet a ese tipo de acercamiento a la cultura popular, que llevaron ese discurso de los fancines, que leían los modernos de ciudad, a un espacio al alcance de todos de manera instantánea. Creo.

Aquí nos podríamos poner en plan sociológico y hablar de la sobreexposición de una determinada generación (la mía) a ciertos productos culturales de consumo de masas. De su asimilación por parte de niños que, al crecer, no tuvieron prejuicios a la hora de volver a ellos y reproponerlos desde un punto de vista “adulto”, atendiendo a sus implicaciones antropológicas, sociales y filosóficas. De un público de esa misma generación y con los mismos referentes culturales dispuesto a acoger esas relecturas. De su influencia en el cine, el cómic y las artes actuales, y tal y cual.

green beret, videojuego

Green Beret. Nivel de dificultad: el infierno en la tierra

Esto es un poco sociología barata pero se podría hacer. Ahora bien, lo que a mí me gustaba era la subversión implícita en todos estos blogs del discurso académico oficial y de la distinción, que le es propia, entre alta y baja cultura. Es decir, que lo que ellos hacían era coger a profesores y periodistas culturales y decirles: “ustedes en sus universidades y suplementos culturales hablan de Tolstoi, de arquitectura románica y de filosofía analítica. Yo voy a dar clases en mi blog de cine de derribo, lo voy a convertir en un Tema Importante y la gente lo ta va tomar en serio”.

No sé si se podría decir que intentaban reformular el canon cultural occidental, o que utilizaban internet para crear uno nuevo.

Por supuesto que esto de la subversión cultural no es nada nuevo. Mezclar alta y baja cultura ya lo hizo Rabelais con Gargantua y Pantagruel y, poco después, Cervantes. Desde Rabelais y su mundo, de Mijail Bajtín,  la disciplina de la historia cultural es consciente de la necesidad de conocer la frontera que cada sociedad establece entre alta y baja cultura, frontera que hay que romper si queremos conocer en profundidad una determinada cultura. Ahora bien, esto que digo es un discurso propio de la Academia y considerado por todos nosotros como alta cultura. Hay un aspecto metalingüístico insoslayable para el académico: yo hablo de baja cultura, pero para ser tomado en serio tengo que hacerlo según los parametros que me marca el sistema académico, de manera que mi discurso sobre baja cultura pueda ser considerado como alta cultura.

En cambio, los blogs que cito daban un salto fuera de la jaula donde se encierra este discurso académico. Podían hacerlo con éxito porque aterrizaban en el blog, formato donde se dan dos características fundamentales: libertad de expresión (bueno, al menos para decidir lo que es serio y lo que no) y acceso a un público mucho mayor que el de los fancines, que hasta ese momento eran las únicas publicaciones que ejercían ese tipo de discurso.

El caso es que pasado el tiempo dejé de leer la mayoría de estos blogs: ¿Por qué dejé de leerlos?

  • Primero, porque yo tenía una vida con la que seguir adelante y unos ritos académicos que pasar, y las teorías y divagaciones sobre las películas malas de Nicolas Cage, por mucho que me entretuvieran, no me ayudaban a ello. Aquella era una información con la que yo no construía nada concreto (ni falta que hacía: no era esa la intención de los autores), así que tuve que elegir.
  • Segundo, por un cierto aire de camarilla y colegueo que reinaba entre los blogueros. Es algo normal, e incluso inevitable, que se conocieran y recomendaran unos a otros, hablaran de ellos mismos… pero eso a la larga hace que uno pierda el interés inicial: no vas a estar siempre leyendo al mismo grupo de coleguillas.
  • Tercero, y tal vez lo más importante, a un cierto punto algunos empezaron a adoptar los mismos vicios del discurso académico oficial que ellos, de manera implícita, criticaban. Recuerdo un bloguero que escribió un post sobre una conferencia que había dado el creador de la serie House en Barcelona, y se mofaba de una conferencia anterior sobre literatura rusa, en plan: “hablan de Tolstoi, menudo festival”. Sin quererlo, el bloguero había establecido una nueva distinción entre alta y baja cultura, diversa de la académica, claro, pero no por ello menos discriminatoria: “House mola; Tolstoi es un tostón”; “series americanas, bien; literatura rusa del XIX, mal”. No es la única distinción de ese tipo que advertí. A partir de ese momento me pareció que en internet podía resultar más subversivo y arriesgado hablar de Tolstoi o de Pico della Mirandola que de zombies y Godzilla. Desde luego, es mucho menos popular.
Leon Tolstoi en 1908

 Leon Tolstoi en 1908. Un respeto.

Ahora he vuelto a pensar en todos ellos a raíz de una entrada conmemorativa y a la vez crítica en el blog del Dr. Zito. ¿Qué ha pasado con todos estos blogs? Algunos han desparecido, como el blog de Lardín o el de Vigalondo. Otros se han trasladado a páginas web de revistas, donde siguen a su marcha. Otros se han diversificado: No Recomendable, por ejemplo, dio lugar a las desafiantes Reflexiones de Repronto. Atareados sus autores en otros proyectos, esos blogs han quedando relegados a un segundo plano. Poco o mal atendidos, muchos quedan reducidos a escaparate de enlaces, imágenes o vídeos. Y claro, para hacer eso ahora tenemos Tumblr, Twitter y Facebook, lugares donde emigran muchos ex-blogueros.  Como nota el Dr. Zito, ahora resulta más sencillo enlazar algo en una red social que escribir una entrada en un blog, así que parece que el panorama cambia y el formato blog, después de la explosión inicial, tiende a desaparecer y, con él, la creatividad, la subversión, el canon reload y todo lo demás.

¿El blog ha muerto? ¿Y si lo hace qué leches enlazamos ahora desde Twitter y Facebook? Lo crean o no, éste era el tema del que quería hablar en esta entrada, pero claro, uno se enreda contando batallitas y pasa lo que pasa, así que cuelgo el “to be continued” y les emplazo a la próxima, apasionante entrada sobre el futuro de los blogs.

[Por ser breve he dejado de lado dos categorías de blog a las que también era muy adicto: blogs de crítica cinematográfica y blogs de guionistas, que son para darles de comer aparte. De estos últimos no puedo dejar de recomendar thehardmenpath, de Alejandro Pérez, con unas entradas que no tienen desperdicio, ya hablen de la crisis económica ya de las películas de Disney. Por cierto, El Misterio de los Intervalos de Silencio está desaparecido, pero pueden leerlo en parte aquí, gracias a la Wayback Machine de Internet Archive (¿de dónde voy a sacar si no una captura de pantalla del portal de Terra en 2002?)]

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