El futuro en el apocalipsis

Cuenta Enrique Vila-Matas en su web que cuando le preguntan por Dublinesca, su última novela, responde una cosa u otra según quién le pregunte. Normalmente suele contar “de qué va la novela”, es decir, lo que sucede en ella, que no suele coincidir con lo que cuenta. La novela cuenta muchas cosas, pero va de Samuel Riba, un editor barcelonés que acaba de vender su editorial y se encuentra en el ocaso de su vida solo, vacío y aburrido, por lo que decide emprender un viaje a Dublín con un grupo de amigos escritores para festejar a Joyce con un funeral.

También dice Vila-Matas que cuando le pregunta por la novela un amigo se siente más libre y le habla “de una gravitas melancólica, un tono uniforme y sublime como el de los últimos cuartetos de Beethoven. Le hablo de un libro otoñal”. En cambio…

si le hablo al señor que se ha sentado a mi lado en el tren que va de Madrid a Barcelona y que quiere saber simplemente de qué trata mi novela le digo: “Trata de alguien que se aburre y quiere celebrar un funeral por el mundo (por su propio mundo también) y descubre que la ceremonia le permite tener algo que hacer. Es decir, encuentra su futuro en lo apocalíptico”.

Tener algo que hacer. Riba se entretiene, encuentra un sentido a su existencia preparando un funeral simbólico por él, por la novela moderna (encarnada en el Ulises de James Joyce) y por la era de Gutenberg. Al igual que la novela moderna y que la letra impresa, Riba muere, pero lo hace de manera metafórica a la salida de un pub irlandés, donde experimenta el nacimiento en la muerte: renace en su propio apocalipsis para encontrar un sentido a su existencia. Al fin y al cabo, la literatura en la era de Google sigue siendo literatura y los libros se leen porque las cosas, quieras que no, nos las tenemos que seguir contando de la manera que sea.

Samuel Beckett se refriega un ojo

Pero algo se muere, claro. Tal vez para Riba el punto culminante y, a la vez, la señal del inicio del fin de la novela moderna esté en el pasaje del exceso literario encarnado por Joyce a la búsqueda de la desnudez y la esencialidad de la palabra, encarnada por la obra de Samuel Beckett. Este pasaje, sin embargo, no certifica tanto el fin de la novela como la imposibilidad de superar o, al menos, igualar el genio de Joyce –varias veces lamenta Riba con amargura no haber dado con un solo genio en toda su carrera editorial. Se hace necesario por tanto recurrir a otras estrategias, hacer novelas de otro tipo, contar las cosas de manera distinta.

¿Es posible la literatura en internet? Quiero decir, ¿hay una forma de literatura que sea capaz de aprovechar los recursos expresivos propios de la red y seguir siendo, al mismo tiempo, literaria? ¿Una novela post-post-moderna hecha en la red a base de enlaces, imágenes, entradas de post, de Twitter, etc. sería una genialidad o un engendro? Apasionante tema amigos…

Pero no tengo ni idea. Volvamos al apocalipsis. Lo de la era de Gutenberg que se acaba y el incierto futuro del libro y sus derivados ante el advenimiento de internet es un tema sobre el que se escribe mucho, tal vez porque los principales afectados se dedican precisamente a eso, a escribir. Resulta comprensible que los diarios dediquen bastante espacio al tema de su propio fin, como diciendo que el apocalipsis ya lo ven llegar. Algunos incluso dedican un blog al tema en su edición digital, lo que no deja de tener cierta retranca: es como si alguien hablara de su futuro usando la pistola que acabará con su vida.

Los temas suelen ser: que si la prensa escrita desaparecerá, que si modelos de negocio para seguir ganando pasta, que si qué hacer con internet, que si el iPad es la salvación, etc. Suelen echar la culpa a internet de no ganar tanto dinero (bueno, ellos no lo dicen exactamente así) sin querer ver el principal problema: todos los periódicos se han vuelto, en general, bastante malos, y para leer algo malo mejor lo hago en internet donde, por lo menos, no pierdo dinero. Aquí, un señor que les mete bastante caña con el tema, y con razón.

No es casual que la credibilidad, en internet, se desplace del medio a la persona, del periódico al periodista: la gente cuando lee en la red se cree las cosas según quién se las cuenta, lo que han leído anteriormente de ese autor, sus gustos, su estilo, su competencia, etc. Los periódicos puede que no sobrevivan al fin de la era Guttenberg, pero es un buen momento para los periodistas. Ellos, como Riba, pueden encontrar su futuro en lo apocalíptico.

El cómo es otra historia, claro, pero creo que la cuestión es entretenerse (como hace Riba para despistar su hastío vital), hacer algo aún sin saber muy bien con qué fin porque, como concluye Vila-Matas,

siempre aparece alguien que no te esperas para nada

Un señor paseando detrás de Enrique Vila-Matas detrás de James Joyce


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